¡No le temas a las grasas saturadas!

Si eres de las personas que le temen a las grasas saturadas, tal vez te sientas identificado/a con María y su temor a consumirlas. Descubre por qué ella, al igual que tu, deberían incluir estas grasas en su dieta diaria.

Cada vez que María* iba al supermercado se gastaba casi una hora más leyendo atentamente las etiquetas de los productos. Esto no tiene nada de malo, salvo el hecho de que ella lo hacía para evitar llevar a su casa cualquier alimento que tuviera grasas saturadas.
María creía que eran nocivas para su salud y la de su familia pero, lo cierto es que al excluir los productos con grasas saturadas ella estaba dejando por fuera de su dieta (y de la de su familia) alimentos que contienen nutrientes  importantes para el buen funcionamiento del cuerpo.
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Por ejemplo, la grasa del cacao, de la leche entera de origen animal y de otros derivados lácteos como la crema de leche, el queso o los yogures. O de aceites como el de palmaoliva o coco, que tienen beneficios para nuestro organismo. 
Además, las grasas suelen producir el doble de energía que la que otorgan los carbohidratos y las proteínas. Por eso, no hay nada de malo en consumir grasas – sean saturadas, insaturadas o poliinsaturadas- siempre y cuando sea de forma balanceada.
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Lo primero que debes saber es que las grasas saturadas (resistentes a altas temperaturas y generalmente en presentación sólida a temperatura ambiente), pueden ayudar a incrementar el llamado colesterol malo (LDL). Solamente, si se consumen en exceso

En cuanto a grasas saturadas como las de las carnes rojas o la mantequilla, la recomendación es consumirlas con moderación.

Un aceite como Gourmet® Balance te ayuda a tener una alimentación adecuada porque es naturalmente libre de grasas trans y bajo en grasas saturadas. Recuerda que las grasas trans se acumulan negativamente en cualquier parte de nuestro organismo y  son el resultado del proceso que se da luego del contacto con hidrógeno (hidrogenación parcial). Mientras que las grasas saturadas están presentes de forma natural en aceites como el de cacao, coco, palma o palmiste; en la manteca animal, grasa del pollo y la mantequilla.

¡Incluso la leche materna, que es vital para el desarrollo de un bebé durante sus primeros meses de vida tiene grasas saturadas!  

Que las grasas saturadas sean conocidas como grasas malas es por el desconocimiento de la función que tienen en nuestro organismo. Recuerda que “Comer bien, te hace bien”.